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Darío Arroyo Prieto

Darío A P

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May 14

Los ciegos

Los ciegos

 

 

 

Dos enfermos se encontraban

ingresados en la clínica

de la cama en la que duermen

les separa una cortina.

 

En el tiempo en que residen

entablan buena amistad

hablando de sus historias

que nunca tienen final.

 

Así pasaron los días

y el narrador murió,

quedando el otro solo,

Muy solo, en su habitación.

 

Las horas corren despacio

y sus ojos nada ven,

él se acuerda de su amigo,

el que alimentó su fe.

 

Sus ojos eran sus ojos,

su mirada, su mirada,

lo que no podía ver,

su amigo se lo contaba.

 

Hoy a visitarlo estuvo

otro amigo, y le contó

que el que dormía a su lado

en su vida nunca vio.

 

Mil gracias a los poetas

que con sus versos muestran

un mundo maravilloso

escondido tras sus letras.

 

 

Autor: Darío Arroyo Prieto

Cupido ha pecado

Cupido ha pecado

 

 

 

Del fruto de los sueños anhelados                

recordando  inconclusas fantasías

surgirán las quejosas poesías

que hablarán de los tiempos pasados.

 

Del fruto de los primeros bocados

vislumbrados forjamos sacristías

que hoy, padecen extensas agonías

con las que tu y yo somos culpados.

 

¡Oh Dios mío!, sensato no he pecado,

manejado he sido por cupido,

que con sus flechas me ha disparado.

 

Así pues; muy señor mío, abatido,

sin haber mal obrado, le he rogado

que sea desterrado, el ángel cupido.

 

 

 

 

Darío Arroyo Prieto

March 21

A mi niña

A mi niña
 
 
El sol tiene envidia de tus dientes
la luna de la tersura de tu piel
el cielo del azul de tus ojos
las nubes del dibujo de tus labios
el enano del cobijo de tu nariz
las caracolas del contorno de tus orejas
las paisaje de tus formas
los cañones de tus profundidades
yo solo del tiempo que no pasamos juntos
December 20

El Rey del Lago

El Rey del Lago

 

 

         Cinco de Abril de 2007: La fecha que elegí, para poder disfrutar con mi familia y olvidarme así durante cuatro días, de la monotonía que envolvía mi vida.

        

El lugar no fue difícil de escoger, puesto que quería tranquilidad y estar únicamente arropado por los míos, decidiendo así, que lo más acertado sería pasar esos cuatro días en el lago que un día mi padre me mostró y donde tantos maravillosos momentos pasamos.

 

         Me sorprendió llegar y ver que el lago permanecía tal y como lo recordaba,  reflejando el sol  en su transparente, tibia y calmada agua, cuya única carga era soportar los viejos troncos que sostenían el vetusto embarcadero. Atado a este, la raquítica barca en la que mi padre solía pescar. Las tierras que envolvían al lago se encontraban cubiertas de grandes chopos, que techaban el bello paraje y lo convertían en el sitio perfecto para montar las tiendas.

 

         El día que nos instalamos, mi mujer salió a dar un largo paseo y disfrutar así de lo maravilloso del lugar en el que nos encontrábamos. Yo sin embargo decidí echar las cañas junto con mi hijo, como antes había hecho mi padre conmigo. Mientras permanecíamos sentados esperando una presa, recordé una historia que me solía contar mi padre sobre un pez que reinaba en el lago, único en su especie y que dominaba a todos los que allí habitaban,  llamado “el rey del lago”. Quien lo había visto decía que era una especie de carpa tan grande como un tiburón, y con unas fauces capaces de engullir a un hombre de un solo bocado.

        

         Ya que había recordado la historia decidí contársela a mi hijo, y

mientras le contaba, le picó un pez, el cual, tras una ardua batalla consiguió traer a la superficie. Le cogí la caña con el pez colgando de esta,  y me dispuse a liberar al pececillo, cuando de repente, una abominable criatura irrumpe del agua (enseguida me di cuenta de que tenía que ser el Rey). Engulle al pececillo, arrastrándome con él sujeto a la caña. En el preciso instante en que penetro en el agua veo la cara asustada de mi hijo mirándome fijamente mientras me sumerjo.

 

 

La bestia, arrastrándome a las profundidades del lago y habiendo llegado al límite de este, da un giro brusco y a toda velocidad se me viene encima, con la malsana intención de acabar con migo. Con decisión y sin esperarle me abalanzo sobre él y le cojo de los extremos de su mandíbula que está completamente abierta impidiendo que pueda cerrarla y devorarme. Empleo tanta fuerza que su mandíbula se quiebra. Es entonces,  cuando el rey, vencido, se retira y asciendo con premura hacia la superficie cuando de repente…¡¡¡RING!!! ¡¡¡RING!!! ¡¡¡RING!!! Suena el despertador. 

 

Habiendo entendido el problema que supone enfrentarme a un ser que podía haber acabado conmigo, como es el Rey del Lago, me dispongo a seguir la vida en la que tantos Reyes del Lago aparecerán y ante los cuales habré de utilizar todas mis fuerzas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Darío Arroyo Prieto

15/12/2006

 
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La vida es corta, si, pero aunque pueda resultarte paradójico, es al mismo tiempo muy larga y llena de vericuetos y sorpresas de todo tipo.
Muchas ciudades de nuestro pais, Avila, Valencia, Toledo, etc. tienen puertas de entradas preciosas, construidas por hombres mas sosegados y amantes de la belleza que los que hoy somos. Pero eran solo eso, puertas, hermosas, si, pero puertas. Lo verdaderamente bello, y lo no tan bello, pero no menos importante por eso, estaba y sigue estando dentro.
No te dejes encandilar por la belleza de las puertas que tu mismo construyes y entra en el laberinto de calles que te estan esperado que es donde verdaremante encontraras la belleza de tu existencia.
Saludos

Jan. 10